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El 14 de marzo de 1898, en el barrio El Ejido de la parroquia San Francisco del cantón Cotacachi, nació Camilo Heleodoro Unda Granda, cuarto hijo del hogar que formaron Camilo Unda y Leticia Granda, vecinos del tradicional ‘Barrio Húmedo’.

Camilo Heleodoro creció junto a sus seis hermanos. Rodeado de los valores inculcados por sus progenitores comenzó a trabajar arduamente a edad temprana, por lo que desarrolló un carácter recto y temperamental que lo hicieron muy conocido y apreciado dentro de la comunidad.

Se educó en la Escuela Sucre, actual Escuela Modesto A. Peñaherrera, y en sus años mozos contrajo matrimonio con Marianita lsabel Cevallos Echeverría, conformando una familia ejemplar, de cuya unión nacieron varios hijos, sobreviviendo Inés Fraiceda, María Mercedes, Beatriz, Blanca Leticia y Mentor Camilo, falleciendo las tres primeras en este siglo.

Heleodoro Unda fue muy conocido como ‘Papá Lolo’ o ‘Papá Lolito’ para sus familiares. En la sociedad cotacacheña nombrar a una persona como ‘Papá’ es reconocerle como el mejor en una actividad, el más destacado, el que guía, el que conduce, el que más sabe.

Entre los principales acontecimientos que marcaron la vida de Heleorodo Unda se reseñan:

  • Fue un ejemplar católico practicante. Sin ser afiliado, simpatizó con los preceptos del Partido Conservador Ecuatoriano; junto a otros honorables quirogueños participó activamente en la construcción de la Iglesia de Quiroga, así como en varias de sus reconstrucciones. Como la patrona de la iglesia es María Auxiliadora, cuando instalaron la energía eléctrica donó las lámparas para la iluminación de la misma.
  • Colaboró en la construcción de la vía Quiroga-Otavalo.
  • Fue socio activo de la Sociedad de Artesanos de Cotacachi, en la cual contribuyó en la conquista de reivindicaciones gremiales y consecución de su sede.
  • Jugaba pelota nacional y fue gran practicante del cabe o juego del trompo.
  • En su querido Barrio Húmedo, junto a su amada esposa, fue benefactor de muchas familias, extendiéndoles su mano solidaria en momentos de necesidad. Su generosidad la hacía extensiva a través de los párrocos de Quiroga y de San Francisco de Cotacachi, a quienes ayudaba con sus ofrendas para que puedan cumplir su labor pastoral.
  • Donó un terreno para la instalación de una bomba de agua, la cual servía a todo el barrio en tiempos en los cuales era un sueño el disponer de agua potable.
  • Durante su vida se dedicó a dos actividades económicas: la agrícola-ganadera y la comercial.
  • Fue un adelantado en cuanto a la doctrina social de la iglesia, ya que a que trataba con dignidad a sus trabajadores. No abusaba de ellos y les ofrecía salarios justos y alimentación.
  • Se le considera pionero en la comercialización de productos entre Cotacachi, Otavalo y Quito, actividad que contribuyó al progreso y economía del cantón. También efectuó actividades comerciales en su amada zona de Intag, a la cual ayudó en su desarrollo.
  • Cuando los obispos de la provincia de Imbabura recorrían las parroquias de su pastoral se encargó de llevarlos a Intag. Alguna vez fue requerido por un obispo en Quito para que le condujera hasta Pasto, Colombia, organizando un viaje a lomo de caballo.

Por estas y otras razones, Heleodoro Unda se mantiene vivo en la memoria de los habitantes de Quiroga y de todo Cotacachi. Se le recuerda como un ciudadano con gran fuerza de carácter, enorme temple, generosidad, humor y genio.

Plasmó su talento en la poesía mediante sus famosas loas e improvisaciones, lo hacía con amena y divertida conversación, alegrando el alma de quienes tenían la oportunidad de conocerlo.

Las referidas loas eran composiciones literarias breves, en verso, tradicionales de la cultura ecuatoriana. Heleodoro Unda las recitaba improvisadamente, según la ocasión, causando hilaridad y admiración en los concurrentes. Para muestra, algunas de sus composiciones:

Una madrugada mientras él iba a trabajar se encontró con un joven trasnochado y le dijo: “Hasta cuando yo seré soltero de tanta fama/ cada vez que me da sueño/ yo mismo tiendo la cama”.

O a un joven que le dijo: “A mí me llaman el tigre/ porque soy enamorado/ el hombre debe ser hombre/ y no amujerado”.

O a una jovencita: “Quisiera tener las guías / de un ave para volar / volaría todos los días/ hasta poderte encontrar”.

A su hermano político: “Allá arriba en esa loma/ vi correr un venado / yo que le tiré la huasca/ había sido mi cuñado”.

A la menor de sus hijas le dedicó: “Blanca Azucena del campo/ no puedo calmar mi llanto/ porque de ti no me olvido / un funesto adiós te di/ como para no volver/ el cielo deberá saber, lo que dispone de mí”.

Heleodoro Unda siempre contribuyó en las actividades culturales, religiosas y en las festividades de la localidad; es grato que en su barrio las canchas de uso múltiple lleven su nombre.

Como patriarca y jefe de familia dejó un legado imborrable, una inspiración para las nuevas generaciones, que dentro y fuera del país se han formado profesionalmente para engrandecer su patria y sus familias.

Heleodoro Unda Granda es un valioso y apreciado ejemplo para la parroquia de Quiroga por sus atributos de trabajador incansable, de honorabilidad, generosidad, amistad y unidad.

Para culminar esta biografía tomamos una de sus inspiraciones: “Despedirme no quisiera, más forzoso me lo es/ adiós prenda querida / me voy a separar/ los días han pasado, las horas volado, me dices inhumano, es hora de partir”.

Entregó su alma al Creador el 1 de agosto de 1991 a los 92 años; 31 años después de su fallecimiento su memoria prevalece intacta en las mentes y corazones de quienes lo conocieron.

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