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Carlos Eduardo Haro Flores nació el 5 de enero de 1921 en Quiroga; fue el tercer hijo de los seis que trajeron al mundo Carlos Haro y Celia María Flores Ruales. Estudió la primaria en la Escuela Andrés Avelino de la Torre de Quiroga.

Para la secundaria se muda a Quito y estudia en el Colegio Salesiano Spellman, aprobando hasta el quinto curso. Su capacitación de bachillerato se interrumpió a causa de una caída que sufrió en la capilla del plantel, imponderable que le obligó a retirarse, pues la prescripción médica le recomendó un año de reposo.

Tras su salida del establecimiento salesiano ayudó a sus padres efectuando trabajos de campo y de sastrería, actividades económicas a las que se dedicaba su progenitor. Tiempo después, Haro Flores acudió al llamado de las Fuerzas Armadas para realizar la conscripción.

Terminada su faceta castrense y decidido a no continuar sus estudios, Carlos Haro se enfoca de lleno en el quehacer político de Quiroga y aporta con sus dotes musicales en la iglesia parroquial.

El 12 de septiembre 1953 contrajo nupcias con Ana María Bersabé Lozano Ruiz, con quien procrea cinco vástagos, a quienes transmitió sus principios morales y éticos. Uno de ellos, Eduardo Haro Flores también es recodado por su servicio a la sociedad quirogueña.

Carlos Eduardo Haro Flores dedicó su existir al servicio público; al haber estudiado en colegio religioso aprendió a cantar música cristiana, razón por la cual, con el apoyo del melodio de la Iglesia de San Vicente de Quiroga, acompañó durante varios años a las celebraciones religiosas bajo el cargo de maestro de capilla.

También sirvió a su pueblo mediante cargos gubernamentales, ejerciendo como secretario de la Tenencia Política de Quiroga y teniente político por cinco ocasiones. Todas sus administraciones se dieron durante las presidencias de Velasco Ibarra. Haro Flores también se desempeñó como comisario nacional de Cotacachi.

Pero la estela de su vida no solo dejó huellas en la política, su actividad artística también fue dinámica, participó en la música y en la escritura, tanto en verso como en prosa. En numerosas oportunidades destacó en veladas artísticas como uno de los personajes principales.

Su relación con ilustres quirogueños le facilitó llegar a Quito en calidad de empleado público del entonces Instituto Nacional Ecuatoriano de Recursos Hídricos (Inerhi), donde lo nombraron secretario general del sindicato de trabajadores, jerarquía que desempeñó en algunos períodos. Su capacidad como dirigente gremial durante varios períodos lo condujo hacia las bases sindicales en organizaciones como la Cedocut, CEOLS y FUT.

Retornó a Quiroga después de jubilarse, tiempo después, a los 79 años, murió el 16 de enero de 2000, en plena transición económica monetaria de sucres a dólares.

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