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Primogénito del matrimonio entre Luis Enrique Lozano y la Sra. María Hortensia Proaño Checa, Jorge Enrique Lozano Proaño nació el 17 de diciembre de 1932.

Debido a que en su época no existían facilidades para estudiar la primaria completa, Lozano Proaño solo cursó dos años de escuela. No obstante, merced a su voluntad de autodidacta, aprendió a leer y escribir.

En 1942 se lo describía como un niño inquieto y líder innato, tanto con su familia como con sus amigos.

Se casó muy joven, a los 18 años, edad en la que le robó el corazón a María Etelvina Torres Guevara, guapa chica del barrio La Victoria. Al inicio de su matrimonio, Jorge Enrique migró a Quito en busca de mejores oportunidades, trabajando un tiempo en una fábrica de tela.

Por insistencia de su madre volvió a su natal Quiroga, donde compró una casa típica, con paredes de tapia y teja. El inmueble estaba situado en las calles Telésforo Peñaherrera y Juan Montalvo.

Jorge Lozano Proaño y María Torres Guevara tuvieron nueve hijos, a quienes, en base a esfuerzo y sacrificio brindaron educación; él siempre decía que sus hijos deben ser profesionales y que eso será su mayor orgullo.

Jorge Lozano fue emprendedor, creó una microempresa de cabuya y la hizo producir a gran escala; elaboró piola, tela para costales y otros productos que vendía en Imbabura, Guayas, Carchi y Pichincha. A través de este negocio, Lozano Proaño dio empleo a varias familias de Quiroga durante muchos años.

Se recuerda la forma en la que Lozano hizo del trabajo un juego para sus hijos. Los viernes salía a enrollar la tela en la calle y la medía poco a poco, desde su casa hasta el puente.

Con la aparición de la tecnología y de la competencia de los productos elaborados con materiales sintéticos tuvo que cerrar, sin que esto le impida seguir adelante, pues inauguró el Molino San Jorge, un molino eléctrico de granos. El rótulo todavía existe en el umbral de la puerta de aquella casa.

Jorge Enrique Lozano Proaño se consideraba un hombre multifacético, también trabajó en zapatería, agricultura, ganadería, comercio y peluquería, actividad a la que dio un importante espacio.

Hombre con propuestas y don de mando, fue idóneo para ocupar cargos públicos. Es así que ejerció las jerarquías de teniente político, comisario nacional encargado, miembro de la Junta Parroquial, presidente del Seguro Campesino y concejal alterno de Cotacachi.

Junto a René Flores, Lozano Proaño gestionó la obtención de recursos para la construcción de la sala de uso múltiple, misión que la facilitaron otros importantes políticos imbabureños, entre ellos Luis Mejía Montesdeoca y Marco Proaño Maya.

Además, valiéndose de mingas, Jorge Enrique promovió la apertura de algunas calles de Quiroga. No faltaba al final la posibilidad de reunirse y hacer música con el grupo musical Llacta Pura, del que su entrañable amigo Cristóbal Terán era director.

Así era Jorge Lozano Proaño, quien deseaba que su parroquia sea ese lugar próspero y justo. Un territorio en el que se atiendan las necesidades de todos, principalmente de los olvidados, de los pobres, de los campesinos de las comunidades.

Movido por ese sueño se reunió con algunos amigos y entre todos revisaron la posibilidad de comprar la Hacienda San Martín. “Es cosa de locos”, le decían sus amigos. Pero, luego de asesorarse bien e invirtiendo tiempo y dinero, hicieron realidad esa locura, adquirieron la propiedad en cuestión y la bautizaron Cooperativa Huertos Familiares de Quiroga.

Muchos lotes de terrenos se destinaron a la agricultura, a la ganadería y a la construcción de viviendas. Además, sirvió para la ampliación de Quiroga, cumpliendo la meta de tener casa propia en numerosos habitantes.

Asesorado por Eduardo Barrezueta sobre los beneficios del Seguro Social Campesino, Lozano instó a sus conciudadanos a sumarse a esta prestación, pues con una cuota mínima, familias completas podían acceder a atención médica y odontológica en el dispensario de El Punge o en cualquier hospital del IESS.

En virtud de su conocimiento y transparencia, Lozano Proaño fue nombrado presidente del Seguro Campesino de El Punge, cargo que desempeñó durante muchos años. En 2007 fue condecorado.

Después de lidiar durante años con una enfermedad y satisfecho por disfrutar de la vejez digna que le dieron su esposa e hijos, Jorge Lozano Proaño se entregó al descanso eterno el 10 de junio del 2020.

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